Boris De León Reyes
02-29-08
Como cuenta Tolstoi, “Iván Ilich sentía que se moría y se preocupaba mucho. En lo más recóndito de su alma sabía que estaba sucumbiendo, sin embargo no sólo no lo aceptaba, sino que no lo comprendía (…) yo, Iván Ilich, con todos mis sentimientos y pensamientos, yo… ¡No es posible que yo deba morir! Esto sería exageradamente atroz” (2005, 50). El silogismo: soy un hombre, los hombres son mortales por lo tanto soy mortal, bien parece lógico, no tanto al referirse a uno mismo empero.
No obstante, Iván Ilich no moría por una enfermedad conocida, contagiosa, incurable, y que ha producido alrededor de 30 millones de muertes desde que fue descubierta. Él no tuvo la oportunidad de conocer las causas y consecuencias de su enfermedad, no pudo saber cómo protegerse de la misma, fue víctima inocente del destino.
Hoy, hablar de VIH y SIDA deja un mal sabor en los círculos sociales de amistades, no es de buen gusto, más fácil se teoriza sobre religión y política, antes que mencionar aquel virus del que tantas estadísticas hablan, ese que denuncia un sinnúmero de anuncios publicitarios, el mismo que aún no tiene cura, el que se transmite a través de relaciones sexuales, el que se transmite por vía sanguínea, el que amerita célebres actividades de beneficencia para suplir medicamentos a los más pobres afectados, el que resulta como tema necesario en la agenda del G8, el que “remotamente” puede afectarnos, a nosotros y a nuestras familias.
Vale saber que la infección humana por el virus VIH produce una compleja enfermedad con un amplio espectro de manifestaciones clínicas denominada síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), que puede tardar en desarrollarse más de diez años. Lo que implica que si una persona contrae el VIH, podría vivir normalmente durante casi una década, hecho que posibilita aún más que el virus continúe propagándose.
Por consiguiente, debemos tener en cuenta que el VIH es un agente que silenciosamente puede afectarnos e iniciar el proceso de mutación del SIDA, sin permitir la menor sospecha por parte del infectado, quién permanecería en la ignorancia hasta la aparición de los síntomas o la realización de un análisis.
No obstante, la labor de informar y educar llevada a cabo por la comunidad internacional desde finales de la década de los ochenta, el tema del VIH/SIDA sigue siendo un tema tabú en amplios sectores de la sociedad. Esto, acompañado del aumento sustancial de la desinhibición sexual, especialmente entre adolescentes, constituye un grave problema, dado el hecho de que el sexo y el VIH bailan juntos un vals.

Figura 1 Primera escena de Kids
La incidencia del VIH en la etapa del Carpe diem quam minimum credula postero (vive el momento sin pensar en el mañana), me parece brillantemente ilustrada por Larry Clark en su película Kids (ver Figura 1).
“Telly: When you’re young, not much matters. When you find something that you care about, then that’s all you got. When you go to sleep at night you dream of pussy. When you wake up it’s the same thing. It’s there in your face. You can’t escape it. Sometimes when you’re young the only place to go is inside. That’s just it - fucking is what I love. Take that away from me and I really got nothing.
Telly: Condoms don’t work. They either break, or they slip off, or they make your dick shrink. Nah, but you still gotta use em, yo. At least I did once”. (IMDB)
Francamente, Clark presenta un escenario sin reglas, sin límites, más que las propias limitaciones del cuerpo ante los excesos de la búsqueda de “placer”. Sin embargo, Kids nos muestra también las consecuencias, la cruda realidad.
“Jennie’s Nurse: Jennie, you’ve tested positive for the HIV virus.
Jennie: What?
Jennie’s Nurse: The test isn’t one hundred percent accurate. You should…
Jennie: I tested positive?
Jennie’s Nurse: I’m sorry.
Jennie: But I only had sex with Telly.
[the nurse is silent]
Jennie: I just got tested to keep Ruby company”. (IMDB)
En este caso, una adolescente (Jennie) por pura casualidad se hizo la prueba, y resultó infectada con VIH aunque sólo había tenido coito una vez. Así mismo prosigue la ironía, puesto que el joven (Telly) que la infectó continúa teniendo sexo con otras jovencitas durante el filme, ¿durante la vida? Sí, por esto es imprescindible la precaución. Una persona con VIH no desprende ningún carácter que permita pensar que “algo” anda mal.
Ya observando la realidad más cercana, la dominicana, es importante resaltar un aspecto legal que concierne a la prueba del VIH. El legislador dominicano ha pensado en la vergüenza, miedo o molestia que puede causar a una persona, el acudir a un laboratorio a realizarse un examen para el diagnóstico del VIH, puesto que ha dispuesto una serie de requisitos para la realización de la misma.
Queda prohibida la realización de pruebas para el diagnóstico de infección por el VIH, salvo en los siguientes casos:
a) Cuando exista de parte del médico sospecha clínica y/o epidemiológica de infección de VIH, previa autorización del paciente.
b) A solicitud del interesado con prescripción médica.
c) Cuando una persona fuera a donar sangre u órganos humanos.
d) Estudios de investigación epidemiológica voluntarios (previa autorización del paciente) o anónimos no ligados a datos de identificación personal. (Artículo 2 de la Ley 55-93 sobre el SIDA)
Considero que, mejor que prohibir la realización de la prueba bajo cualquier concepto, resulta más provechoso la imposición obligatoria del análisis. Quizás el ser humano prefiere que se le obligue a realizarse un examen con miras a saber si está infectado de un virus que deviene en una enfermedad mortal, a que se le proteja su derecho a la privacidad, y sólo con la prestación explícita de su voluntad, dicha prueba pueda ser realizada. ¿Cuál de estas dos opciones favorece más a la salud del paciente? ¿El saber y estar seguro, o el no saber y enterarse cuando ya es demasiado tarde?
En otra vertiente, es cierto que abundan las estadísticas sobre el número de infectados, la cantidad de muertos, los países más afectados, etc. No obstante, prefiero no referirme a dichos datos, pues como dijo Johanna McGeary en su artículo “Death stalks a continent” para la revista Time, “las estadísticas, por malas que parezcan, pueden ser todavía peores” (2001, 2).

Figura 2 El VIH se duplica entre las células
Desde el inicio de la epidemia del VIH (ver Figura 2), se han desarrollado una serie de medicamentos que prolongan significativamente las vidas de las personas seropositivas al bloquear la capacidad del virus de replicarse. Estas drogas pueden demorar la arremetida del SIDA desacelerando la pérdida de células CD4+. Sin embargo, no son una cura definitiva.
Ahora bien, es menester subrayar los esfuerzos en busca de la vacuna que “acabaría” con la pandemia, que hoy afecta a más de 40 millones de personas. Como dice, Maria Elena Navas de la BBC, “hace 25 años fue aislado por primera vez el VIH y desde entonces la búsqueda de una inmunización efectiva se ha convertido en el “santo grial” de la medicina” (2007).
De acuerdo con un artículo publicado por el Servicio Mundial de la BBC, el 8 de febrero del 2007, la compañía farmacéutica Merck (ver Figura 3) anunciaba la primera prueba a gran escala de una vacuna contra el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), a realizarse en Sudáfrica. Un equipo internacional de investigadores, encabezado por expertos de Estados Unidos, supervisaría el ensayo clínico que permitiría determinar la eficacia de la vacuna. Un total de 3.000 hombres y mujeres sexualmente activos y portadores del VIH serían inmunizados como parte del estudio, que duraría cuatro años.

Figura 3
No obstante, el 24 de septiembre del mismo año, Maria Elena Navas publica que Merck decidió suspender las pruebas clínicas de dicha vacuna, considerada como una de las más prometedoras en la lucha contra el SIDA. “Ciertamente, los medicamentos antirretrovirales que existen hoy en día han logrado contener de alguna forma la epidemia. Sin embargo, los expertos consideran que la única manera de revertir la pandemia es evitar la propagación de la enfermedad con una vacuna” (Navas 2007).
Navas detalla que luego de trabajar diez años en su desarrollo, Merck decidió suspender las pruebas porque según la compañía la vacuna era “ineficaz”. En los ensayos clínicos, la vacuna no logró evitar la infección del VIH entre voluntarios en riesgo de contraerlo, incluidos homosexuales y trabajadoras sexuales.
En el mismo orden, la BBC publica el 15 de febrero del 2008 el artículo, “¿Imposible hallar una vacuna contra el VIH?”, en el cual, el Premio Nobel de Medicina, David Baltimore afirma que, “hemos trabajado para encontrar una vacuna contra el VIH desde que el virus se descubrió (…) Y ahora no estamos más cerca de encontrar una vacuna de lo que lo estábamos entonces”.
Según Baltimore, los intentos de controlar el virus causante del SIDA mediante anticuerpos o estimulando el sistema inmune del organismo han fracasado. Es por eso que, como señaló el Premio Nobel de Medicina, los científicos ahora están decantándose por nuevas técnicas, como la terapia genética (ver Figura 4) o con células madre, aunque éstas se encuentran en una fase inicial.
Por lo visto, debemos comprender, como afirma el doctor H. Markel (profesor de historia de la medicina en la Universidad de Michigan), que “el optimismo inicial, una vez identificado el virus, sobre la posibilidad de conseguir fácilmente una vacuna, estaba poco justificado: al fin y al cabo costó 105 años desarrollar la vacuna contra la fiebre tifoidea, 89 años la de la difteria, 47 la de la polio y 16 la de la hepatitis B” (Marco 2005).
En fin, cada día vemos una nueva noticia: “la circuncisión masculina puede reducir en un 60% el riesgo de contraer el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) en hombres jóvenes, sugiere un nuevo estudio” (BBC 2007), mas ningún resultado concretamente satisfactorio en cuanto a la ansiada vacuna. Aún la comunidad científica se encuentra en la rigurosa etapa de investigación y comprobación de hipótesis.
Aunque sea cierto que, como dijo Benjamín Franklin, “el cielo cura y el médico cobra la minuta”, mientras tanto, David Baltimore dirige el laboratorio Baltimore en el Instituto Tecnológico de California, que cuenta con el apoyo de la Fundación Gates, y que está trabajando para encontrar la manera de potenciar genéticamente el sistema inmunológico contra agentes infecciosos, particularmente contra el VIH. Y como él, la humanidad no se da por vencida y continúa en la búsqueda.


Figura 4 Nuevas esperanzas en la Terapia Génica
Bien lo dijo Khalil Gibran, “por más larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”, mejor lo dijo Antonio Machado: “sin el tiempo, esa invención de Satanás, el mundo perdería la angustia de la espera y el consuelo de la esperanza”.
Bibliografía
- Tolstoi, León. 2005. La muerte de Iván Ilich. México, D.F.. Ediciones Leyenda.
- Marco, Javier. 2005. La vacuna contra el sida: una historia interminable. El Mundo. 25 de agosto.
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2005/08/26/hepatitissida/1125076984.html (última visita 26 de febrero de 2008).
Material Audiovisual